
“Mi padre me decía que nunca me iba a subir a un avión porque era mujer. Hoy no solo viajé, sino que representé a Bolivia ante mujeres de todo el mundo.”
Cuando Estela Poma recuerda ese momento, todavía se emociona. Frente a mujeres provenientes de distintos continentes, vistiendo su pollera, su sombrero y su aguayo, sintió que no solo llevaba consigo un emprendimiento, sino la historia de miles de mujeres bolivianas que durante generaciones escucharon que ciertos sueños no estaban hechos para ellas.
Entre el 8 y el 12 de junio, Estela e Isabel Frontanilla participaron en el Encuentro de la Red de Mujeres del Mundo, realizado en Kenitra, Marruecos. Ambas viajaron como representantes de Bolivia gracias al proyecto “Iniciativas Sur-Sur-Norte para la Justicia de Género y la Justicia Ecológica en los Territorios”, impulsado por Quartiers du Monde y otras organizaciones socias como el Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, miembro de esta red internacional.
Pero el viaje fue mucho más que una representación institucional. Fue una experiencia que transformó la manera en que ambas entienden el emprendimiento, el liderazgo y el papel que las mujeres desempeñan en la construcción de economías más justas y sostenibles.

Un sueño que cruzó fronteras
Para Estela Poma, emprendedora de “Alto Milluni con identidad propia”, el viaje simbolizó el cumplimiento de un sueño que fue realizando en los últimos años (la gestión pasada viajó a Colombia en un encuentro similar).
“Con mi pollera, mi sombrero y mi aguayo representé a las mujeres de Bolivia. Fue muy emocionante levantar el nombre de mi país y demostrar que las mujeres también podemos llegar lejos.”
Durante los cinco días del encuentro compartió experiencias con mujeres de África, Europa, Asia y América Latina, descubriendo que, aunque los contextos cambian, los desafíos son similares: lograr autonomía económica, fortalecer el liderazgo femenino y cuidar la naturaleza como parte de la vida cotidiana.
Uno de los aprendizajes que más la marcó fue comprender la importancia de planificar mejor los recursos económicos de un emprendimiento y crear fondos de reserva para afrontar momentos difíciles. También encontró inspiración en las experiencias de otras mujeres que, desde diferentes culturas, trabajan por transformar sus comunidades.
Hoy, al mirar atrás, Estela entiende que el mayor aprendizaje no fue únicamente empresarial.
“Nada es imposible. Si tú quieres, puedes. Ahora mi sueño es seguir creciendo para fortalecer a muchas otras mujeres.”

Emprender pensando también en la Tierra
Para Isabel Frontanilla, representante y co-creadora del emprendimiento “Quimera, alma de fuego”, el encuentro significó confirmar que su apuesta por reutilizar vidrio y materiales en desuso forma parte de un movimiento mundial que busca construir economías transformadoras.
Durante el mercado solidario organizado en la plaza principal de Kenitra, presentó sus productos elaborados a partir de materiales reutilizados, despertando el interés de las participantes por el valor ambiental y social de su propuesta.
Sin embargo, el mayor aprendizaje llegó fuera del espacio de exhibición.
“Para mi actividad económica rescato el hecho de consumir únicamente los insumos necesarios y buscar siempre la posibilidad de darle un nuevo uso a aquello que normalmente desechamos.”
Las jornadas dedicadas a la permacultura y a las prácticas de cuidado ambiental le permitieron fortalecer una visión que ya aplicaba en su emprendimiento, pero que ahora comprende desde una perspectiva mucho más amplia: la justicia ecológica también comienza en las decisiones cotidianas.
Isabel considera que el encuentro reafirmó otra certeza: ninguna mujer emprende sola.
“Lo indispensable es la pasión por lo que haces. Pero para sostener esa pasión se necesita perseverancia y una red de apoyo. Emprender no es fácil; muchas veces queremos renunciar. Cuando existen otras mujeres que te acompañan, que comparten sus experiencias y te animan a continuar, el camino se vuelve mucho más llevadero.”

Un encuentro para aprender del mundo y construir soluciones colectivas
El Encuentro de la Red de Mujeres del Mundo reunió durante cinco días a organizaciones de distintos países para compartir avances, metodologías y experiencias relacionadas con la justicia de género y la justicia ecológica.
Las participantes intercambiaron conocimientos sobre incidencia política, fortalecimiento económico de las mujeres y sostenibilidad ambiental. Además, recibieron formación práctica en permacultura, entendida no solamente como una técnica de producción, sino como una manera de relacionarse con la naturaleza desde el cuidado, la corresponsabilidad y el respeto.
El foro internacional permitió que cada país presentara los avances alcanzados en sus territorios. Bolivia destacó por el fortalecimiento de los procesos de autonomía económica de las mujeres, una experiencia que despertó interés entre las demás organizaciones participantes.

Bolivia comparte una experiencia consolidada
Para Mónica Gutiérrez, Directora Ejecutiva del Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, la participación boliviana permitió evidenciar el camino recorrido por las mujeres emprendedoras del país.
“Se ha visto que tenemos un proceso muy estable y muy consolidado en relación con las emprendedoras.”
Este reconocimiento refleja años de trabajo orientados a fortalecer la autonomía económica como una herramienta para el ejercicio de derechos y la participación política de las mujeres.
Al mismo tiempo, el intercambio permitió identificar nuevos desafíos compartidos entre los distintos países, como la necesidad de profundizar el trabajo en masculinidades alternativas, fortalecer el liderazgo de mujeres jóvenes y consolidar estrategias de cuidado ambiental desde los territorios.
Más allá de las diferencias culturales, el encuentro dejó una certeza compartida: la crisis ambiental y las desigualdades de género son desafíos comunes que solo pueden enfrentarse mediante el trabajo colectivo.
Así lo resume Tania Lecoña, técnica del Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza:
“Aunque tengamos realidades distintas entre los países que conforman la Red, lo que tenemos en común es un solo cielo. Hemos descubierto la necesidad de cuidar mucho más la naturaleza.”
Las mujeres regresaron a sus países con nuevas herramientas, alianzas internacionales y la convicción de que sus acciones locales forman parte de una transformación global.
Y mientras Estela vuelve a caminar por las calles de El Alto, conserva intacta la emoción de haber demostrado que los sueños sí pueden cruzar océanos.
“Estemos donde estemos, es importante que luchemos y enseñemos a luchar.”
