
A los 14 años, Martha Huanca ya era trabajadora del hogar. Huérfana de mamá a los seis, salió de la provincia a la ciudad, donde no tuvo tiempo para disfrutar la niñez, ni la adolescencia ni la juventud.
Toda su vida trabajó en hogares de otras familias y se perfiló como dirigente del sindicato a partir del convencimiento de que sus derechos deben cumplirse. En el trayecto, ha conocido a compañeras que no podían ni expresarse, pues venían a la ciudad con su idioma originario.
“Tenemos nuestros derechos, pero no se cumplen los horarios de 8 horas cama adentro y 10 horas cama afuera. Tampoco se cumple el salario mínimo. Aunque nos paguen poco, tenemos que aceptar, por la situación que vivimos”, describe Huanca, dirigente del Sindicato de Trabajadoras del Hogar Max Paredes, en La Paz.
Muchas trabajadoras que realizan las tareas de cuidados en los hogares se encuentran en ese escenario desfavorable. A pesar de estar vigente la Ley de Regulación del Trabajo Asalariado del Hogar, N° 2450 de 2003, varios factores han contribuido a precarizar este servicio, en el que se entrega el esfuerzo físico y las emociones.
PANDEMIA Y CRISIS
La crisis económica se ha convertido en un factor de doble filo. Por una parte, las y los empleadores argumentan que no pueden pagar un salario mínimo (antes Bs. 2500, ahora Bs. 3.300) y, por otra parte, las trabajadoras se ven obligadas a aceptar bajas remuneraciones para cubrir -al menos- necesidades básicas.
La modalidad que se aplica recientemente divide el salario por días. “Imagínense, toda la semana han cocinado, todo está sucio, grasa sobre grasa, y nos quieren pagar 70 a 80 bolivianos por el día de limpieza”, cuenta Martha Huanca. “No conviene”.
Cuando se plantea al empleador cumplir la Ley, se dan dos situaciones. “No nos hacemos respetar porque nos falta economía, aceptamos esos pagos, aunque sea poco. Y, en otros casos, al oír hablar de la Ley, ya no más nos despiden o nos quieren cansar aumentando horas de trabajo. Muchas compañeras han llorado en estas situaciones”.
Otro factor que ha afectado sus derechos laborales fue la pandemia entre el 2020 y 2021. En la memoria del sector, en ese tiempo se retiró a varias trabajadoras del hogar y ya no las recontrataron.
Esto engrosó el desempleo en este grupo social importante, donde el 95% son mujeres, según datos de la Defensoría del Pueblo.
El empobrecimiento de las trabajadoras del hogar repercutió de manera directa en sus familias porque un buen número son madres (solteras) y jefas de hogar.
LA LEY NO HACE REVOLUCIÓN, PERO AYUDA

Si bien la Ley de las Trabajadoras del Hogar (2003) representa una conquista en la historia del sector, a la fecha no llega a cumplirse cabalmente.
Fueron más de 10 años de luchas para alcanzar la aprobación de esta norma, venciendo barreras y estigmas coloniales. Las trabajadoras por lo general son migrantes jóvenes de las provincias del país. Poseen múltiples identidades vulnerables a la discriminación y el racismo, aún fuertes en el país.
La asunción de Casimira Rodríguez como Ministra de Justicia, el año 2006, fue un impulso hacia el reconocimiento social de este sector. Rodríguez en el poder político, simbolizó la visibilidad del sector y su aporte a la economía del país. Sin embargo, no fue suficiente.
A 22 años de aprobada la norma, el trabajo del hogar mal remunerado, esclavizante y despectivo de la mujer, principalmente de origen indígena, está normalizado.
Lejos están los beneficios laborales previstos en la Ley, tales como los contratos escritos, las vacaciones, aguinaldo, jornadas reguladas, derecho a licencia médica o por maternidad, y afiliación a la seguridad social.
DERECHOS A MEDIAS
En temas de salud, por ejemplo, las y los empleadores suelen indicar que no conviene asegurarlas porque ambas partes tienen que aportar. En 2021, se aprobó un decreto para permitir su afiliación a la Caja Nacional de Salud (CNS). Por razones de “conveniencia” no se avanzó en ese derecho.
Lo que sirve actualmente a las trabajadoras del hogar es el Sistema Único de Salud (SUS), creado en 2019, para la población que no está afiliada a la seguridad social a corto plazo. El SUS posee grandes deficiencias, pero asegura cierto nivel de atención.
En este aspecto, suena otra alarma. Las trabajadoras del hogar no logran beneficiarse con la Ley 252 que obliga a las y los empleadores, públicos y privados, otorgar un día libre al año para la realización de los exámenes de Papanicolau y/o mamografía. Esto literalmente no existe.
| UN DÍA LIBRE PARA EXÁMENES DE PAPANICOLAU Y/O MAMOGRAFÍA | |
| Ley Nº 252 (2012): | Establece el derecho a un día hábil de tolerancia remunerada al año para mujeres mayores de 18 años que se sometan al Papanicolaou y/o Mamografía. |
| Decreto Supremo Nº 1496 (2013): | Reglamenta la Ley Nº 252, obligando a instituciones públicas y privadas a adecuar su capacidad resolutiva para facilitar estos exámenes y promoviendo la información y educación. |
| Decreto Supremo Nº 3164 (2017): | Modifica y adecúa el DS 1496, confirmando y actualizando el beneficio de la tolerancia remunerada para el Papanicolaou y mamografía. |
| Ley 475 (2016): | Busca la gratuidad de los exámenes de prevención de cáncer de cuello uterino en el sistema de salud pública. |
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2016, existían 117.735 personas empleadas del hogar en Bolivia, de las cuales el 94.3 % eran mujeres.
Este universo constituye una población relevante en las estadísticas oficiales en cuanto a la atención y la prevención de enfermedades relacionadas con salud sexual y reproductiva.
Por supuesto, en este punto se inscribe la maternidad que las trabajadoras del hogar deben enfrentar, muchas veces como madres solteras. La falta de recursos no solo dificulta la maternidad saludable, sino que lleva a buscar servicios públicos o servicios más baratos, no siempre confiables.
Vale la pena remarcar que los bonos otorgados por el Estado, constituyen un alivio en las economías de las trabajadoras del hogar: el bono Juana Azurduy de maternidad, el bono Juancito Pinto para escolares y el bono Dignidad para personas adultas mayores, ya que no cuentan con jubilación.
ORGANIZACIÓN URGENTE
En la actualidad, se confirma un retroceso en los derechos de las trabajadoras del sector. Cuán difícil resulta organizarse en este trabajo, cada vez más precarizado. A ello se suman problemas orgánicos de antiguas gestiones que aún no fueron resueltos.
Martha Huanca explica que cumplir con las responsabilidades dirigenciales choca con la necesidad de trabajar. “Nuestras ejecutivas tienen la tarea de armar nuestro pliego de peticiones. Es muy sacrificado, porque no contamos con apoyo económico”.
Pese a estos tropiezos, ellas creen en el sindicato. En esta temporada, buscan realizar un ampliado nacional y congreso ordinario a nivel de todo el país para elegir una nueva directiva que las represente ante empleadores y autoridades.
Inevitable rememorar los inicios de la organización, en los años 1980, cuando se gestaron las primeras asociaciones. A partir de la llegada de mujeres migrantes aymaras y quechuas a las ciudades de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, nacieron los primeros brotes organizativos.
En octubre de 1993, delegadas de varias ciudades se reunieron y crearon la FENATRAHOB — Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia. Esta federación se consideró una de las más fuertes de América Latina.
Empoderadas y organizadas, pelearon por la Ley 2450. A esta demanda se unió la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por el “Trabajo Decente para las Trabajadoras y los Trabajadores Domésticos”.
Cuenta la historia que lideresas bolivianas fueron hasta Ginebra, participaron en reuniones regionales y fueron clave para que Bolivia fuera uno de los primeros países en votar a favor y en ratificar el convenio.
APRENDER Y ENSEÑAR
Otro pilar que motiva la organización de las trabajadoras del hogar es la capacitación y/o formación en liderazgo y aprendizajes que fortalecen sus múltiples servicios.
Recientemente, participaron en dos cursos en el Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza (CPMGA): Formación Técnica e Integral sobre Cuidados de Adultos Mayores y Escuela de Liderazgo Feminista.
“Para nosotras es muy importante llevar estos cursos. Aprendemos cosas para atender mejor. Por ejemplo, cómo tratar a los adultos mayores, sus medicamentos, su alimentación. Estamos muy agradecidas y felices de haber recibido nuestro diploma”, expresa Martha Huanca.
Recuerda que alguna empleadora que tuvo, le dijo: “No somos iguales. ¿De qué te voy a pagar? Nosotros estudiamos, nos quemamos las pestañas…”. Martha tiene ganas de volver ahí a mostrar su diploma.
Esto despierta otro punto de reflexión. Varias familias no podrían estudiar ni trabajar, sin el cuidado de las trabajadoras del hogar. Son ellas quienes realizan la limpieza, los alimentos, lavado, planchado, entre otras mil tareas. Incluso la crianza de niñas y niños está a su cargo.
GRANDES DESAFÍOS
Muchas vidas marcaron la historia del sindicalismo de las trabajadoras del hogar. Josefina Quispe, Victoria Quispe, Lidia Mamani, Carmen Cruz, Casimira Rodríguez y tantas otras mujeres, salieron desde el olvido a luchar por sus derechos.
Rodríguez, ex Ministra y lideresa nacional y latinoamericana, solía declarar: “Nosotras no somos trabajadoras domésticas; domésticos son los animales, nosotras somos seres humanos”. Así de fuerte se percibe la deshumanización.
Hoy, el camino de desafíos se ve largo. Quedan derechos por recuperar y avanzar en la agenda pendiente. La Ley 2450 fue una gran conquista, pero más importante fue la dignidad que todas ellas ganaron en sus reivindicaciones. La dignidad conquistada nunca más permitirá la violencia y la exclusión social.