Trabajadoras que sostienen la ciudad: trabajo invisible, derechos ausentes.

Aún no amanece, pero ellas ya están en las calles. Cada madrugada, antes de que la ciudad despierte, con las manos cubiertas apenas por guantes desgastados —cuando los hay— y el cuerpo expuesto al frío, comienzan una jornada que pocas veces es vista, salen a limpiar lo que otros dejan atrás. Con escobas y palas recorren avenidas, mercados y barrios enteros, cumpliendo una labor esencial, sin embargo, sus condiciones de trabajo siguen siendo precarias.

Foto: Sumando Voces
Foto: Sumando Voces

Las trabajadoras de aseo urbano —en su mayoría mujeres— sostienen uno de los servicios más esenciales y, al mismo tiempo, más invisibilizados de nuestras ciudades. Su labor no solo garantiza espacios limpios y habitables, sino que también evidencia las profundas desigualdades que atraviesan el mundo del trabajo.

En el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, esta realidad cobra aún mayor relevancia. La fecha, que invita a reflexionar sobre las condiciones laborales, expone una deuda persistente con quienes realizan estas tareas en contextos precarios. Frente a ello, surge una pregunta urgente e inevitable: ¿Quién cuida a quienes cuidan la ciudad?

Una investigación de la organización Red UNITAS señala que una gran parte del sector tiene acceso limitado a medidas de seguridad ocupacional, mientras que reportes periodísticos denuncian que muchas trabajadoras operan sin equipos de protección adecuados o con implementos deteriorados.

Esta falta de condiciones seguras compromete su salud física, pero también su bienestar integral, en un contexto donde el trabajo se realiza, muchas veces, bajo presión y con escaso reconocimiento social.

Foto: Sumando Voces
Foto: Sumando Voces

Más allá de los riesgos físicos, las condiciones laborales evidencian una problemática estructural, altos niveles de informalidad, contratos inestables y salarios que no alcanzan a cubrir necesidades básicas forman parte de su realidad cotidiana. Un grupo grande de trabajadoras del aseo urbano percibe ingresos por debajo de la canasta básica, mientras que muchas permanecen al margen de beneficios sociales, sin seguro de salud, sin aportes para su jubilación, sin protección ante enfermedades o despido, trasladando el costo de la supervivencia directamente a los cuerpos de las trabajadoras.

Un estudio difundido por medios nacionales lo resume con crudeza: “Nos tratan como a la basura”, expresan trabajadoras del sector en una investigación sobre precariedad laboral. Esta frase no es solo una denuncia, es también un reflejo de la invisibilización que atraviesan. Lo que se limpia no es solo la ciudad, sino también la mirada de una sociedad que prefiere no ver.

Además, Bolivia enfrenta una deuda pendiente en la construcción de políticas integrales de salud laboral. La falta de implementación efectiva de normativas deja a este sector en una situación de vulnerabilidad constante.

A nivel global, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha establecido que el acceso a condiciones seguras y saludables en el trabajo es un derecho fundamental. En 2022, este organismo incorporó la seguridad y salud en el trabajo como parte de los principios y derechos laborales, reconociendo que ningún empleo debería poner en riesgo la vida o la integridad de las personas, pero la realidad de las trabajadoras del aseo urbano en Bolivia muestra una brecha profunda entre estos estándares internacionales y las condiciones reales en las que desempeñan su labor.

Foto: Oxígeno Digital
Foto: Oxígeno Digital

En una fecha que invita a reflexionar sobre la seguridad y salud en el trabajo, la situación de las mujeres del aseo urbano revela una contradicción profunda y muy dolorosa, quienes garantizan entornos limpios y habitables no cuentan con condiciones dignas para cuidar su propia salud.

Como advierten organismos internacionales en relación con el trabajo de cuidado: “Es necesario saldar la deuda histórica con millones de mujeres que sostienen la vida en condiciones de desigualdad”.

Reconocer, dignificar y garantizar derechos laborales para estas trabajadoras no es solo una demanda sectorial, es un acto de justicia social y de equidad de género.